Granada, una isla de sabores en el Mar Caribe / Viajeros
Paola Encinales y Álvaro Botero disfrutaron de este destino como parte de sus vacaciones a bordo del crucero ‘Legend of the Seas’. Esta es la crónica de su viaje.
Desarrollada en sus inicios a partir del cacao y la nuez moscada, tras la caída de las haciendas de cultivos de la caña de azúcar, la isla de Granada, en el Caribe, conserva en cada rincón ese mágico ambiente aromatizado por las especias.
Esa percepción que envuelve los sentidos nos sedujo desde el instante mismo en que nuestro crucero, ‘Legend of the Seas’, atracó a las 7:00 a.m. en el puerto de su calurosa, colorida y tropical capital, Saint George’s.
Con los primeros rayos del día, la belleza de esta isla de apenas 344 kilómetros cuadrados y 27.000 habitantes se descubre ante los ojos desde el comedor y la cubierta del barco.
Igualmente, sobresalen, entre las múltiples edificaciones de sus empinadas calles, la coraza del fuerte George, el Esplanade Mall, su montañosa geografía de tupida vegetación y las cúpulas de cinco iglesias de diferentes religiones.
Atraídos por el paisaje desembarcamos con la intención de explorar los encantos de esta isla, descubierta por Cristobal Colón en 1498 durante su tercer viaje, y decididos a disfrutar una tarde de playa, al ritmo de soca, un pegajoso ritmo caribeño en el que se mezclan el calypso y el soul.
Lo primero que hicimos fue un recorrido por las tiendas, donde se venden las reconocidas esmeraldas colombianas. Luego visitamos las murallas del fuerte George, ubicado en una colina desde donde se domina todo el paisaje de la ciudad.
Desde aquí se tiene el privilegio de apreciar una vista panorámica del océano y de la bahía del Carenage Harbor con sus veleros; se aprecia el estadio de fútbol donde juega la selección de Granada, más conocida como los Spice Boyz; y se puede ver la diversidad de playas de arena blanca que se alinean a lo lejos.
A pesar de las precauciones de muchos turistas, optamos por tomar una ruidosa buseta de servicio público local, con el fin de aproximarnos un poco más a la idiosincrasia del lugar y de estar a la caza de algunas palabras en dialecto patois, que se habla en el lugar,aunque el inglés es el idioma oficial.
Después iniciamos la caminata por las empinadas calles de Saint George’s. En el camino era imposible no contagiarse de la alegría de los granadinos. Era 7 de febrero y conmemoraban su independencia del Reino Unido. Vestían de amarillo, rojo y verde, los colores de su bandera.
La tarde la pasamos en las playas de Grand Anse Beach, al son de las olas del mar, la música caribeña y un par de cervezas bien frías que pueden pagarse en dólares estadounidenses.
fuente/.eltiempo.com/